La muerte de Gómez Rojas

 Imprecación.

Por Juan Gandulfo

Foto de Acción Directa, 2 de octubre de 1934

Hermano, tu asesinato me ha dañado como un mordisco en el corazón. Mis arterias se han dilatado con el fuego de la rebelión y mis puños se han crispado amenazantes contra las rejas de mi cárcel, que fue la tuya. Y las lágrimas se han secado antes de llegar a mis ojos y ha pasado por mi mente una idea satánica:

He sentido ansias de correr al Manicomio, derribar las puertas de la sala de autopsias y robar tu cadáver profanado por toda esa canalla que tiene un excrementicio donde nosotros tenemos el corazón.

He sentido deseos de cortar con mis dientes la cuerda infamante con que te han suturado la frente aserrada y destapar tu cráneo con la unción con que el creyente abre el templo y arrancar de ella tu cerebro portentoso, que congestionado por la locura semejaría el capullo extraño de una flor única.

Y correr a la ciudad maldita con tu cerebro en mi diestra y tu cuerpo yerto y desnudo sobre mis hombros y azotar con tu cadáver en el rostro de los malos hombres:

A los de la indeferencia feroz, que no protestaron por tu martirio;

A los jueces y carceleros, que laceraron tu carne y tu espíritu;

A los políticos inmundos, que en vida te negaron por tres veces, como Pedro al Cristo, y después de tu muerte explotaron tu sacrificio, como el carnicero la carne de la res;

Y a los impotentes por cobardía, que al sepultar tu cadáver, aullaron su dolor de hembras en el camposanto.

¡Azotar el rostro de toda esa canalla, hermano, para purificarlos con el contacto de tu cuerpo llagado por los hierros y tus propias uñas; tu cuerpo, enflaquecido por el ayuno criminal y por tus masturbaciones vesánicas; tu cuerpo, ennegrecido por el tacto de la mano de los que te juzgaron y por tus propios excrementos en los cuales te revolcabas cuando la razón huyó de tu cerebro como un ave roja y luminosa…! ¡Azotar el rostro de toda esa canalla hasta despedazarles la máscara de baba endurecida que les oculta la faz de hombres…; la mascara de baba endurecida secretada por la maldad, la hipocresía y el miedo!

Hermano, cuando mi cuerpo se bañe en el aire puro de la libertad, yo visitaré todos los días tu tumba; pero no iré a llorar ni a depositar flores; todos los días estrellaré mi puño débil contra el obelisco en que está gravado tu Miserere eterno; golpearé con mi puño débil hasta que de las arterias vierta mi sangre y manche la roca y después volveré taciturno a la ciudad; pero llegará un día en que mi puño será fuerte y la sangre no verterá de mis arterias rotas y de un solo golpe derribaré el obelisco de roca… y entonces volveré risueño a la ciudad maldita!

Hermano, no se puede amar sin odiar; para amar la bondad y la verdad hay que odiar la maldad y la mentira: somos hombres.

Somos hombres: permanecer indiferente ante los que te asesinaron sería aceptar el crimen como principio y renegar de tu enorme sacrificio. Yo soy hombre y porque te amaba a ti los odio a ellos.

Oye, hermano: ¡el odio cuando es justo es noble! Jesús, irritado al arrojar a latigazos los mercaderes del templo, es tan grande como Jesús melancólico al morir en la cruz por la redención de los hombres.

Espera, hermano; el riego de tu sangre hará germinar la nueva semilla en la conciencia del pueblo. Los proletarios para realizar la felicidad de los hombres, tendrán que destruir a los explotadores de los hombres; y con tu muerte han adquirido conciencia de esto; solo les falta ser los mas fuertes y a breve tiempo lo serán…

Espera, hermano, tu sacrificio no será estéril: tu sangre fecunda ha transformado la tierra en fértil y luego florecerá.

Penitenciaria de Santiago, Octubre de 1920.

Nota:

* Al presentar el siguiente documento, no nos mueve otra intención que la de rescatar del olvido un dramático momento de las historias anarquistas de esta región. De un tiempo en que la patria mató a uno de los nuestros. Hay palabras que no compartimos, pero no así las razones del texto. Han pasado exactamente 90 años, mientras Chile celebra sus doscientos años, nosotros recordamos a los asesinados en su nombre.  

**Juan Gandulfo por estos años fue un estudiante de medicina afín a los anarquistas. Escribía en la revista Claridad. Participaba de un policlínico que los IWW mantenían para atender a sus afiliados y a sus familias. Además redactaba el “boletín sanitario” del mismo. Murió en 1931. El policlínico, que duró por lo menos hasta 1954, llevó en adelante su nombre.

***Gandulfo y José Domingo Gómez Rojas fueron capturados en el Proceso contra los IWW del año 1920. Sobre Gómez Rojas ver –entre otros- “El Estado contra los subversivos” de este mismo número.

Publicado en El Surco, nº19, Septiembre de 2010