Entre el silencio mediático y la radicalización:

Crónica del Movimiento Estudiantil secundario tras 5 meses de lucha

Por Grupo Anarquista El Surco

I.- Preámbulo.

Han pasado cinco meses desde que se iniciaron las manifestaciones estudiantiles. Cinco largos meses de ruda lucha, de intransigencias, de burlas estatales y coraje juvenil. Hoy nos encontramos en un momento de inflexión, un momento de debate. Los opuestos se han encontrado, pero, como era de esperarse, sin llegar a consenso. El 5 de octubre pasado la mesa de diálogo fue “quebrada” por la negación del Gobierno a tratar el tema de la educación gratuita, demanda principal del estudiantado alzado. Los primeros en abandonar el recinto gubernamental en medio del encuentro fueron los voceros de las organizaciones de estudiantes secundarios. Y es que en cierta medida son los secundarios, tanto de liceos científico-humanistas, como técnicos, así como de colegios particulares-subvencionados, la punta de lanza de toda esta hermosa oleada. No en términos de vanguardia conductora, o de protagonismo mediático, sino en tanto han sido ellos -en comparación a la mayoría de las organizaciones universitarias- quienes más hostilidad han demostrado al Gobierno y quienes más arriesgan en esta lucha.

Los medios centran su atención en Giorgio Jackson y Camila Vallejo como si ellos fueran el movimiento estudiantil, o bien en los destrozos callejeros en las jornadas de protesta y en los recintos de educación saqueados. La prensa de masas y el Gobierno han intentado invisibilizar a los estudiantes secundarios como agentes de cambio, negando con ello sus realidades particulares y sus propuestas de transformación.

Hasta ahora, sentimos, pocos han reparado en el mundo de las sensibilidades, de las experiencias, en el mundo de la cotidianeidad, y no de aquella la pintoresca e idealizada, sino de esa compleja y hasta tensa realidad que se vive en aquellos espacios, día a día y noche tras noche.

            Nuestra intención es entregar un panorama crítico de algunas situaciones algo representativas del movimiento secundario, situando nuestra discusión en el contexto actual, signado por el intento de invisibilización por parte de las fuerzas reaccionarias y la radicalización de los propios estudiantes. Son realidades fragmentarias por las que caminaremos. Cabe a ustedes el papel de leer críticamente lo que hoy esbozamos.

Hace unos días, como decíamos, se “quebró” la mesa de diálogo entre el Gobierno y los estudiantes. Una marcha no autorizada en la Alameda trajo de vuelta el recuerdo de las protestas que meses atrás dieron paso a los primeros cacerolazos. Todo parece indicar que el mes de octubre traerá nuevas manifestaciones, nuevos bríos. Ya son cerca de cinco meses de actividad, el movimiento es acechado por la sombra irrenunciable del “desgaste”, una de las palabras más mencionadas por estos días. Se ha dicho que, hoy por hoy, con la amplia aceptación social que han tenido los estudiantes, no es prioridad -como lo fue antes- el contar con grandes cantidades de gente marchando en las calles. Esto en parte predispone al movimiento -en lo discursivo- a la negociación mientras que busca salvar eso que nadie quiere decir. Y es que resulta inevitable que después de tantos meses la afluencia a las concentraciones baje, que los estudiantes vean cómo dejan de asistir a las tomas algunos compañeros que se mostraron entusiasmados en un comienzo. Los medios ya dejaron de lado los reportajes alusivos a las “nuevas formas de protestar”; el tema ahora en la periodistología es el saqueo y el desorden de los “desalmados” que “empañan” todo acto público. La atención está también en la recién quebrada mesa (¿por qué se dice “quebrar”?) y sigue estando en el proyecto de ley que busca aumentar las sanciones a quienes ocupen establecimientos públicos y privados.              

De la política tradicional les han venido seduciendo desde que los parlamentarios de la Concertación vieron en ellos la posibilidad de revivir el negocio que les duró veinte años. Aparecieron algunos intentos de inscripción masiva que consiguieron convencer a un puñado de jóvenes. Algo aumentaron las inscripciones, poco. Unos extraviados parlamentarios colgaron una bandera gigante en el Congreso: apoyar la movilización, después de todo, sigue estando in.

“¿De qué te sirve sacar a Piñera si vay a poner a un hueón de la concerta? Esos hueones veranean juntos. Son de la misma clase política”, nos dicen en el Liceo Experimental Artístico de Quinta Normal. La gran mayoría de estudiantes, tanto secundarios como universitarios comparten el rechazo a la clase política. Aunque con matices, se encuentran más o menos dispuestos a interactuar, antes por consideraciones tácticas que por confianza. Aún así, el tema, en un contexto de cinco meses de movilización, es más tenso que nunca, y al lado de él está la realidad de cada colegio, donde la contraparte no son Piñera ni Bulnes, sino que son los directores, sostenedores, los Alcaldes y las Corporaciones Municipales. Viene el fin de año y hay que mostrar algún avance dentro de las demandas de cada colegio.

Para redactar este escrito concretamos tres entrevistas, cada una de ellas centradas en analizar algunos aspectos específicos de la lucha secundaria. Dos se hicieron en establecimientos tomados: en el Liceo Experimental Artístico (de Quinta Normal), el 2 de octubre (2011), y en el Complejo Educacional Consolidada (de Puente Alto) el 1º de octubre (2011). Por último, también nos reunimos con Alfredo Vielma, vocero nacional de la ACES (Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios) la noche del agitado 27 de septiembre (2011). Con él nos centramos en la política general y nacional del movimiento secundario y con los primeros en la compleja temática de la ocupación de sus establecimientos.

II. De “asambleas” y “cordones”: La organización secundaria.

Hay apariciones furtivas de algunos nombres de organizaciones de secundarios que resuenan de vez en cuando, que van más allá de la ACES o la CONES (Coordinadora Nacional de Estudiantes Secundarios). Es difícil establecer un mapa claro de la orgánica nacional y local de los estudiantes, pues por un lado hay una serie de entidades que aparecen y viven una existencia breve, a la vez que se puede constatar una elasticidad de gran magnitud en términos de adhesiones a las instancias organizativas locales, regionales o nacionales. Con cierta destreza han sabido conservar una autonomía a nivel de establecimientos educacionales bastante amplia, que no impide el compromiso a participar en asambleas o manifestaciones de diverso tipo.

            La ACES logra conjugar las aristas de lo local y lo nacional. Esta se forma el 2001, aunque conserva sólo el nombre de lo que en ese momento fue. Alfredo Vielma nos cuenta que fue reformulada y refundada a partir de mayo del año pasado y busca desligarse de la trayectoria anterior que tuvo en tanto que cayó “en maniobras políticas” el año 2006. En la actual ACES hay miembros de agrupaciones y colectivos políticos, centros de estudiantes y de asambleas de estudiantes que actúan en liceos donde los centros de estudiantes no sólo son interinos, es decir, designados por las autoridades del colegio, sino también democráticos, en su acepción más amplia. Busca coordinar a liceos y colegios “de periferia”, a los emblemáticos “de clase B”, aquellos más abandonados. Y tiene presencia en 10 regiones, principalmente en el sur del país (Rancagua, Talca, Talcahuano, Temuco, Magallanes, entre otras): “Creamos una asamblea que era más para el estudiante rebelde, los que no tenían una voz política. Para el estudiante común y corriente que un día le interesa tomarse el colegio no por una razón política o por una coyuntura nacional, sino que porque hace frío en la sala y porque el almuerzo le da asco”, nos señala Alfredo Vielma.

En cuanto a la orgánica de la ACES, su vocero es enfático en declarar, antes de explicar en detalle su funcionamiento, que rechazan “cualquier estructura que pueda significar un cargo o una jerarquía… rechazamos completamente la organización jerárquica porque creemos que no tiene sentido y porque abolla la organización popular”.

En lo específico, los mayores cargos, si es que podemos denominarlos así, corresponden a las vocerías, tanto públicas como políticas; son designadas por las bases (comunales y regionales) y tienen por función canalizar las inquietudes y/o demandas de éstas. Asimismo, cuentan con encargados de finanzas, de lo cultural, y de agitación y propaganda.

Todos pueden llegar a las asambleas, pero tienen opción de voto sólo si se encuentran facultados como representantes de las bases, o de los liceos. Los colectivos también pueden funcionar como delegados de los establecimientos educacionales. En este sentido, no excluyen entre formas organizativas que se den al interior de cada uno. Consideran asimismo el rol de los profesores y apoderados, apelando a una organización triestamental en los colegios (estudiantes, profesores/funcionarios y apoderados).

El petitorio que manejan considera demandas en varios puntos, y tiene como principales ejes la búsqueda de un sistema de educación estatal, gratuito, de excelencia y de control comunitario, TNE (Pase Escolar) gratuita por todo el año y reconstrucción de infraestructura de los recintos sin caer en la privatización. Las reivindicaciones van desde la reformulación de la jornada completa (JEC), hasta el involucramiento de la comunidad en el currículum educativo, pasando inclusive por “frenar la alta medicación con Ritalín” en los niños y niñas “inquietos” (los conocidos como ANNE, “alumnos con necesidades educativas especiales”).

Por otro lado, y no excluyente con la dinámica recién expuesta, se encuentran los “Cordones”, como una forma organizativa propia de los establecimientos de la periferia. Funcionan como punto de encuentro y coordinación entre diversos colegios y, algo también importante, con organizaciones sociales (de base). La configuración, así como quiénes los componen, es un tema sujeto a las necesidades e inquietudes del momento, y no están exentos de quiebres o contradicciones internas aunque aseguren una instancia de participación y actividad, como nos cuentan los estudiantes del Complejo Educacional Consolidada, de Puente Alto respecto al Cordón Sur: “(…) Éramos casi 30 colegios, venían de San José de Maipo,La Florida, Puente Alto,La Pintana, Pirque. Participaban juntas de vecinos, universitarios, llegaron cabros del Confederación Suiza, del Nacional a las asambleas pa´ saber. Éramos tantos, y la pega de los organizadores de dirigentes, voceros, tesorería, era tanta que tuvimos que dividirnos. Le cambiamos nombre, ya no se llamaba Provincial Cordillera, le pusimos SEPCO, Secundarios Provincial Cordillera, se dividió en SEPCO Matriz, que era como la central, SEPCO Pirque,La Pintana, San José,La Florida. Estuvimosun tiempo y se desorganizó. No supimos mantener el cordón y se crearon otros cordones… Los cordones siguen funcionando, acá en Puente Alto se crean eventos, los pasacalles, pero con esa mala onda entre cordones en donde yo quiero hacer esto y yo quiero hacer esto otro… el orgullo caga la onda acá. Pero  igual así se han llegado a crear cosas buenas”.

Otro caso es el Cordón Periférico Poniente, que comentan en el Liceo Experimental Artístico. Concentra estudiantes de Quinta Normal, Renca, Cerro Navia y Pudahuel. Como puede apreciarse hay un desarrollo en cuanto a la capacidad de organización fuera del radio céntrico ocupado por los colegios “emblemáticos” que se sabe y se asume como periferia, sabiendo con esto que hay una serie de demandas diferentes que muchas veces apuntan a temas básicos como contar con un espacio adecuado para educarse y con recursos y materiales didácticos que aseguren la labor educativa. Es por eso que saben que si bien hay un petitorio nacional que apoyar, hay, por otro lado, temas urgentes en cada recinto que deben ser atendidos considerando que el año se acaba y que es necesario demostrar ante el resto de los compañeros del liceo o colegio, que tanto tiempo movilizados trajo frutos. “Hoy hay que entregarle al campo popular una victoria. La gente que no tiene una formación política previa se va a decepcionar si no hay una ganá”, cuenta Alfredo Vielma de la ACES. En Puente Alto señalan que “(…) Ahora, como estamos  llegando a fin de año, y el gobierno ha optado por el desgaste, nosotros le estamos dando prioridad a lo interno, sin desligarnos del nacional pa´ que se muevan y en la vuelta a clases, si vamos a seguir movilizados y vamos a tomarnos el colegio, que sea en un colegio como debiera estar”.

III.- La “toma” y el terreno de las experiencias.

            La “toma” de los liceos, es decir, la ocupación de los establecimientos por parte de los propios estudiantes, ha sido uno de los procesos más importantes dentro de la lucha que llevan a cabo. Por una parte es una medida de presión tremenda, pues en su realización detiene el ritmo de la actual educación formal (y de la cotidianidad educativa formal); se detienen las clases de forma regular pues los profesores, así como las autoridades del establecimiento, generalmente no pueden ingresar.

En lugar de clases, en muchos establecimientos se desarrollan talleres culturales y artísticos, foros políticos y diversas actividades de recreación. En algunos se ha continuado haciendo clases, con otros profesores y con otras metodologías, pero para preparar los mismos contenidos de la educación formal (para preparar la PSU, Prueba de Selección Universitaria, por ejemplo). Esto se ha hecho antes, con la diferencia de que este año aquello ha sido anunciado bajo la consigna de la “autogestión”. El vocero de la ACES nos cuenta: “Hemos levantado la autogestión como una alternativa viable… financiamiento mediante autogestión, creación de actividades, difusión de material mediante autogestión… creemos que es importante hoy hablar de ese tema, es un debate que se tiene que hablar en una sociedad que es consumista y que tiene el consumo como valor fundamental”.

Y es que el tema de la “autogestión” ha ido cobrando mucho terreno dentro de las diversas organizaciones que actúan en el heterogéneo movimiento social, aunque en muchos casos se le ha dotado de significados bastante laxos o exagerados. Para algunas organizaciones de pobladores, por ejemplo, la autogestión significa autoconstrucción de complejos habitacionales con subsidio estatal, para algunas organizaciones estudiantiles ésta significa preparar a los estudiantes para la PSU sin los profesores oficiales. Con todo, se está instalando el tema con bastante aceptación. Un síntoma, a todas luces, saludable.

            Las tomas de liceos y colegios comenzaron a principios de junio (2011) y se tuvieron efecto dominó, partiendo desde pequeños nodos y difundiéndose por las ciudades a nivel nacional. Así lo señalan los compañeros de Puente Alto, que se tomaron el establecimiento el 13 de junio: “En principio estábamos en desacuerdo porque era muy rápido y, al tiro, al siguiente día se tomó el primer colegio en Puente Alto que es el Juan Mackenna. Después dijimos los cabros no pueden estar solos, seguimos y nos tomamos el colegio porque sabíamos que era la única medida de presión que teníamos en cuanto al petitorio interno de arreglar infraestructura de aquí y presionar a nivel nacional… ya se veía que en la ACES y en las otras coordinadoras estaban organizando que todos los colegios estuvieran en toma y ya, dijimos si esto se viene a nivel nacional no nos podemos quedar de brazos cruzados viendo cómo nuestros compañeros dan la cara por la educación.

            Consultados sobre las discusiones que se dieron con los estudiantes que no querían movilizarse, así como de los preparativos y la ejecución misma de la toma, nos señalan: “Empezamos a organizarnos una semana antes y el día anterior nos juntamos a planear la toma. Allí hicimos planos, grupos, definimos una hora y al otro día, el lunes en la madrugada, nos tomamos el colegio… El lunes a las cuatro de la madrugada. Nos juntamos en la casa de un compañero que vive a la vuelta. La semana antes, como habíamos  tomado la decisión, empezamos a juntar a la gente: los hombres que podían reventar candados. Los más ágiles, las chiquillas que podían hablar con los pacos o el director, con algún inspector, que fueran más carismáticas y de ahí empezamos a juntar a la gente, éramos como 45. No podíamos extenderla a todo el colegio porque sabíamos que iba a haber algún rechazo, algunos no lo entienden. Pero en ese momento teníamos el apoyo de la mayoría…  Hicimos como tres asambleas antes. Los cabros del liceo 115 nos pasaron su espacio. Hicimos jornadas reflexivas para que los cabros estuvieran informados… Nos juntamos a las cuatro de la mañana… habíamos conseguido walkie talkies, un mazo, las cadenas y todo…  Un grupo por el lado izquierdo, unos por el frente, unos hablando con el guardia y ya… una vez pasándonos abrimos las salas -que no es tan difícil-  y después empezamos a bajar las sillas y llegaron los pacos y sabían que no podían hacer nada… y ya el colegio era de nosotros. Aguantamos toda la noche, ordenando… Hubo compañeros accidentados que con los vidrios se rompieron las manos, fueron  al consultorio. Tipín 7 y media de la mañana empezó a llegar el alumnado y no hubo atados, sabían que nos íbamos a tomar el colegio. La idea era que entraran acá y hacer que reflexionáramos e informándolos de por qué nos estábamos tomando el colegio y los dejamos entrar. En ese entonces nos organizamos en comités de aseo, de agitación, comité araña, que eran los que se subían al techo a vigilar, a colocar cosas. Hacíamos guardia. Hacíamos turnos, informábamos a la gente. Ahora la gente está informada, aunque no faltan los que dicen “cabros hueones, vayan a estudiar”. Ya no hacemos guardia, ya no tenemos el riesgo de antes cuando venían hueones en camioneta a sacarnos las sillas. Aparte está el cansancio mismo de hacer guardia”.

            Del relato de los compañeros nos parece importante rescatar un tema para la reflexión, el hecho de que la “toma” (como se demuestra en muchos otros casos también) no es ejecutada por las mayorías, sino por un grupo más reducido que cuenta con la complicidad de las mismas. Por lo mismo es que en muchos de los establecimientos ocupados son relativamente pocos (en comparación al total), los estudiantes que se van a “vivir” en ellos. La responsabilidad de aquellos pocos compañeros y compañeras crece, al igual que las alegrías y los sinsabores que se puedan suscitar. En muchos de los casos les quitaron las comidas que entregaba el Ministerio (de Educación), a través de la JUNAEB, por ello debieron organizar ollas comunes, sostenidas con donaciones individuales de algunos padres comprometidos, o de la recolección callejera de dinero y alimentos que los estudiantes realizan.

 Por otra parte, cinco meses es mucho tiempo y al igual que en otros colegios, a veces el desgaste acosa, dicen desde Puente Alto, de la “Conso”, “venía harta gente, fue como por dos semanas y después se empezaron a aburrir. De hecho esos días era  mucha la organización; todos ayudaban haciendo el aseo. Todo funcionaba bien”.

Además del desgaste interno los secundarios han debido enfrentar diversos tipos de represión y de difamación mediática, así como múltiples mecanismos orientados a hacerlos desistir de sus iniciativas. Han existido casos de amedrentamiento físico, de ataques de “civiles”, de apedreamientos de ventanales. De hecho, en los tres casos consultados nos esbozan cuestiones similares. Desde el Experimental Artístico (de Quinta Normal) nos cuentan: “El 18 de septiembre los cabros del colegio Juan Antonio Ríos fueron agredidos. Un grupo de personas les botó una muralla y le pegaron a un estudiante. Había un carabinero mirando mientras lo agredían, el “paco” (nota: policía uniformado) decía “¿está listo el cabro, chiquillos?”. El abogado Rodrigo Román está en el caso. En Pudahuel un joven fue baleado. Y si la represión explicita no fuera suficiente, también se reportan casos de intentos de soborno para bajar las tomas. Nos cuentan desde Puente Alto: “El director nos intentaba comprar, a los del equipo de fútbol nos ofreció camisetas. A la presidenta del centro de alumnos la llegaba a coquetear. Nos intentaba comprar para que no nos tomáramos el colegio. Cuando nos tomamos el colegio no le quedó otra que asumir… Hicimos una asamblea con apoderados para informar y apareció una señora que cachamos que quería boicotear la asamblea”.

 Una cuestión a destacar es el discurso que van adquiriendo en torno a estas situaciones. Señala el vocero de la ACES, Alfredo Vielma: “Hay represión mediática y represión policial. Intervención de celulares, revisión de correos electrónicos, seguimientos callejeros, amedrentamientos. Sapeos en las asambleas. Sabemos de colegios que han sido baleados (en Maipú). Intentos de acoso sexual a compañeras detenidas…”. Profundizan los del Experimental Artístico: “Una represión va más allá de que te peguen los pacos o no, se trata de  una cosa social, o sea, de una represión sicológica… no te dejan estar en los espacios públicos, no se pueden hacer manifestaciones, intervenciones artísticas. Te pueden llevar preso hasta por decir paco culiao”.

            La persistente represión estatal en todas las esferas recién relatadas y en otras, al igual que el uso de la violencia por parte del Estado, ha calado hondo en el pensamiento de los muchachos. Por ello en los tres casos la respuesta ante el autoritarismo es más o menos similar. Si el Estado reprime, hay que defenderse. Desde el Experimental Artístico nos dicen que es preciso “que los ciudadanos se den cuenta de que los carabineros no están pa´ servir, están pa´ sacarte la cresta. Son casi igual que milicos”. Por su parte, desde Puente Alto nos cuentan su propia experiencia al respecto: “Y bueno, aquí siempre hay un grupito que ocupamos la autodefensa, salimos a las calles… venimos pa´ acá a buscar la materiales y aplicamos la autodefensa, sabemos que no se puede negociar con ellos (los Carabineros)… no nos vamos a quedar pasivos. Esto me gustaría recalcar. Al principio cuando íbamos a las marchas, varios compañeros eran como más pacifistas, de ir creativamente a marchar y no conocían el lado “b” de las marchas… el abuso de los pacos… Veíamos cada vez más cosas cuando íbamos a las marchas. Siempre había un grupito minoritario que iba al choque. Pero se fue expandiendo, somos la mayoría que se está aburriendo. Ahora nos enfrentamos a los pacos sin miedo. Ahora cuando vamos a las marchas llevamos un botiquín, limones, acetona… Se dieron cuenta de que siendo pacíficos, siendo piolas, no llaman la atención, lamentablemente, y que la no violencia protege al Estado. Tenemos ese lema”.

IV. Colofón. La experiencia que queda y las conquistas que faltan.

Tomarse un colegio no es fácil, requiere voluntad, estudio de la realidad y convicción, además de buenos cómplices. ¿Cuántas discusiones habrán existido en las miles de casas desde las que se marcharon los chicos y chicas para acudir a dar vida a la “toma”, a defenderla? Sostenerla por un tiempo, es algo más complicado aún, pues además de solucionar todos los problemas cotidianos, deben gastar energías en legitimar este particular camino ante los compañeros no movilizados y ante la comunidad.

La toma no es un juego. Los muchachos que tal vez debieran estar jugando se están haciendo adultos en la lucha. Ellos saben lo que arriesgan. En el Liceo Experimental nos señalan: “Hemos perdido el año, yo ya lo perdí. Yo no ando jugando a quedarme en la toma ni a pasarlo bien. Es un año de tu vida… Bueno, pa’ mí no es perdido. La toma es una cuestión que te educa al fin y al cabo”. En Puente Alto, la idea es similar: “Les decimos que perdamos el año, por la causa, porque es una medida de presión para que hagan cambios radicales en el sistema educativo, porque esta es la medida de presión que tenemos. Estamos a tiempo de inscribirnos (en los exámenes),  pero aquí los cabros no queremos inscribirnos, estamos bien concientes, ni cagando. Dijimos desde un principio que íbamos a perder el año porque estamos luchando por educación de calidad y con estas medidas (de los exámenes) no se puede, es todo lo contrario”.

Mantener la toma por 5 meses ya es histórico. Esperamos que los miles de compañeros y compañeras que están actualmente comprometidos en el movimiento, aguantando las noches inquietas y los días largos, asimilen a concho las lecciones que puedan surgir. La toma, además de ser una medida de presión para las autoridades es en sí misma una escuela informal de experiencias. De compañerismo, de complicidades, de afinidades, de tensiones, de conflicto. Cuestiones que difícilmente podrán ser cuantificadas, pero que de seguro marcarán a esta generación.

Han aprendido bastante, nos cuentan desde La Consolidada de Puente Alto, “(….) En cuanto a la organización y el ambiente de las movilizaciones sociales. El mismo caso de que cada persona siempre esté informándose… he visto hartos cambios acá. Ha servido el ambiente de toma para cambiar mentalidad, para que maduren, para que sean más responsables. Están más metidos, cachan a los senadores, a toda la manga de sinvergüenzas… cambio mucho este ambiente…”. “El campo popular ha crecido bastante durante este año (culmina desde la ACES, Vielma), se han rearticulado ciertos viejos que estaban rendidos. Se han rearticulado asambleas, ciertos centros de madres…”.

Vienen días difíciles, pero la convicción, por lo menos, la de muchos de estudiantes en toma, por ahora es firme. En una sentencia que es compartida por la mayoría de los compañeros movilizados. El vocero de ACES, resume la posición de miles de jóvenes, y con esas palabras culminamos este informe que, esperamos, sirva a la discusión. “El Gobierno no es quién para condicionarnos a nosotros… y no vamos a aceptar que nos pidan deponer las movilizaciones, si todo esto lo hemos conseguido a base de movilización… El mayor respaldo que podemos tener nosotros es que se sigan sumando colegios a las tomas, que sigan existiendo conflictos en las calles y que siga habiendo movilización masiva”. ¡Fuerza Cabrxs! ¡El futuro es nuestro!.

Publicado en “El Surco”, n°30, Octubre 2011