Pedro García Olivo se autodenomina “anti-profesor”, un “insumiso de la enseñanza”, que todavía se subleva contra el discurso vanilocuente de los “Educadores” y la hipocresía de sus nocivas prácticas pedagógicas. Despotrica lúcidamente no sólo contra la Educación “Estatal”, sino también contra los discursos “Progresistas” y “Alternativos”. Ha publicado, entre otros: “El enigma de la docilidad. Sobre la implicación de la Escuela en el exterminio global de la disensión y de la diferencia” (Virus Editorial, 2005), “El Irresponsable” (Editorial Brulot, 2007), “El Educador Mercenario” (Editorial Brulot, 2009) y “La bala y la Escuela (Holocausto Indígena)” (Virus Editorial, 2009). Ha dado más de centenar de conferencias en ateneos, casas okupadas, bibliotecas sociales y universidades europeas y latinoamericanas, pregonando la insubordinación docente y su odio contra la Escuela y la educación formal. Accedió a responder un breve cuestionario para El Surco, donde nos cuenta de sus proyectos personales y explicita sus planteamientos antipedagógicos.

1.- Esboza una breve presentación de tu formación o deformación académica. Cuéntanos de tus proyectos actuales (escriturales, editoriales, de la vida, etc.).

 Estudié hasta el final, y ello me dañó para siempre. Me doctoré en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad de Murcia, donde cursé también estudios de Filosofía. No puedo estar orgulloso de ello: sacrifiqué mi juventud solo para escapar de la pobreza. Como estaba dotado para triunfar en lo académico, me convertí pronto en Funcionario de Educación. Salté pues del lumpen a la clase media, que hoy aborrezco con todo mi corazón; y estuve a punto de volverme loco en las aulas. Escribí, entonces, como terapia, “El Irresponsable”.

A la altura de mis cincuenta años, y tras varios abandonos periódicos de la enseñanza, asumí una evidencia: “Para que me vaya mal en la vida, ya es tarde. Nada que temer, entonces”. Y concebí el proyecto de una extinción en la libertad. He querido regalarme la experiencia de la libertad absoluta, que no recomiendo a nadie. No trabajo ni hago trabajar, no obedezco ni me hago obedecer, no produzco, no consumo, no voto, casi “no resido”. Esta soberanía radical sobre mí mismo se recorta sobre un horizonte de término: cuando la libertad no me sea posible, yo dejaré de ser.

Vivo en el monte público, en un viejo corral de cabras; y me alimento de un huerto, “ocupado” en el mismo monte público. Unas placas solares de segunda mano me permiten seguir la pista del mundo y perseverar en mi lucha. Aquí avanzo en mis escrituras, centradas en la crítica de las sociedades democráticas occidentales, y desarrollo proyectos videográficos de cooperación personal con movimientos  sociales sudamericanos (viviendistas, indigenistas, antagonistas, etc.). De aquí parto para dar charlas y conferencias, alargando así mi batalla contra la Escuela. Para el mes de marzo se me han organizado diez, empezando en Galicia y terminando en Andalucía.

Se me puede considerar un “neo-quínico”, en la línea de Diógenes el Perro; y yo tiendo a verme de ese modo. También parezco un “tecno-primitivista”, pues llevo una vida extremadamente austera, de espaldas al consumo, rayando en la autarquía, aunque con este pequeño ordenador y las viejas placas solares que me permiten hoy atender a las preguntas de “El Surco”.

Pronto buscaré las alas de la imprenta para mi último trabajo, titulado “Occidente es un cadáver a la intemperie. Ensayos e invectivas contra nosotros, los más feos de los hombres”. Danza entre problemáticas europeas y latinoamericanas, explorando no tanto ya la Escuela como su entorno sociológico y politológico.

2.- Explica tus postulados-ideas, elaborados en los últimos años, respecto de la crítica de la Escuela (Estatal y Alternativa) y del quehacer pedagógico.

Como anti-pedagogo, rechazo el trípode educativo occidental, fraguado en la transición al Capitalismo:

1)      La Escuela, forjada en la Europa del siglo XIX para confinar a la infancia y a la juventud y, desde ese encierro inaugural, operar una “reforma moral” de su conciencia – “forjar lo antes posible empleados útiles y asegurarse de su docilidad incondicional”, como anotó enseguida Nietzsche. Vale decir: “buenos obreros” y  “ciudadanos ejemplares”, el tipo de subjetividad requerido por la máquina económica (la fábrica) y la máquina política (la democracia liberal).

2)      El Profesor, un “educador” al lado de otros (educadores “naturales”, como los padres; educadores “electivos”, como esos amigos que respetamos y a los que nos acercamos por su conocimiento de un área que nos interesa; educadores “fortuitos”, como las personas con las que chocamos y trastornan nuestras vidas; “auto-educadores”, como todos nosotros a lo largo de todo el día; “educadores comunitarios”, allí donde todavía el grupo ejerce de sujeto y objeto de la transmisión cultural, pues el igualitarismo socio-económico y la democracia directa permiten que, de hecho, la educación “se respire” y acontezca sin más, como en determinados pueblos indígenas), pero también el único “educador” estrictamente mercenario, pues se halla inserto en la Cadena de la Autoridad (“mandar para obedecer y obedecer para mandar”: este sería, en palabras de Cortázar, su lema) y, tras proclamar dedicarse a la Causa Justa, Buena, Noble de la Humanidad, a continuación “pasa factura”, como nos recordaba Steiner.

3)      La Pedagogía, surtidora del “auto-engaño” profesoral (no es fácil hacer el mal a sabiendas, por lo que se requería una disciplina que administrara la mentira vital de los docentes, que los narcotizara ante la consciencia de sí, ante el dolor de saberse dañinos) y encargada de adaptar el sistema escolar a las diferentes coyunturas económicas y políticas del Capitalismo (en este sentido, hoy aboga en Europa por didácticas “blancas”, “alumnistas”, en las que el poder del profesor no se vea y en las que los estudiantes tomen aparentemente las riendas de la experiencia, ejerciendo de “policías de sí mismos”, como quiere el demofascismo en ascenso para todos los ámbitos de la vida social).

Desde que llevé las propuestas de Ferrer Guardia a las aulas de la educación pública, allá por 1985, con la esperanza de ser perseguido por mi insumisión libertaria, y solo coseché la amenaza de un premio (mi proyecto acabó en el Gabinete de Innovaciones Pedagógicas), vi claro que la llamada “Escuela Alternativa”, o “Escuela Libre”, coincide objetivamente con el telos del reformismo pedagógico institucional, que apunta en la misma dirección. Por decirlo claramente: las escuelas que mejor reproducen el Capitalismo tardío, la sociedad “demofascista” (formación que procura prescindir del látigo y confía más en la auto-represión ciudadana), son aquellas que se titulan “libres”, “alternativas”, “progresistas”, cada día menos distinguibles de las escuelas públicas reformadas.

3.- ¿El punto de inflexión, donde tú critica hacia la Escuela se radicaliza nace sólo de la empiria ejerciendo como profesor y de las críticas de tus alumnos? ¿De dónde nace específicamente y cómo se ha ido nutriendo?

Me hice profesor para escapar de la miseria y me convertí en profesor antiautoritario por el influjo de mis lecturas. Luego, me entró por lo ojos y por los oídos (por lo que veía y me veía hacer, por lo que decía y me decían mis alumnos) que “yo era el peor de todos”, un domesticador en dulce, el predicador más sutil. Descubrí también que mi propuesta docente supuestamente anticapitalista no era perseguida, que hasta se proponía como ejemplo de innovación…

Comprendí entonces que la “Pedagogía Anarquista”, al lado de la “Escuela Libre”, habiendo sido absorbida y encerrando una contradicción entre los dos términos, solo podía ya defenderse desde el cinismo; y me fui armando de nuevas lecturas para “esgrimir” mi desencanto, mi desengaño. Lo libertario es la anti-pedagogía, y solo hay libertad donde desfallece la Escuela: esto creo haber aprendido, desde la experiencia en primer lugar pero con el golpecito en el hombro de no pocos libros.
4.- En los años que llevas difundiendo estas perspectivas, y en base al intercambio de ideas y discusiones que se han suscitado ¿Han cambiado en algo tus ideas?. Es decir, has desechado algunas y asumido otras?

Lo cierto es que he ido evolucionando, pero en una misma línea. Conforme pasan los años, soy más radical y transijo menos con los tiempos. Sin cambiar de pensamiento, me he abierto a otras realidades y he podido ampliar mi crítica, dándole mayor escala y nuevos argumentos.

Para mí ha sido muy importante el descubrimiento de la “educación comunitaria indígena”, a la que me aproximé en mis estadías en Sudamérica (Chiapas, Oaxaca, Guatemala, Venezuela y Colombia), la profundización en la “educación rural-marginal europea” (propia de las aldeas perdidas de montaña y del ámbito de los pastores antiguos), las lecturas sobre la modalidad educativa tradicional gitana, los contactos con partícipes del movimiento “Educar en Casa” y las cerca de 150 charlas que he dado en el entorno educativo no-institucional (centros sociales, ateneos, bibliotecas alternativas, casas ocupadas, etc.).

Fruto de esta ampliación de la perspectiva fue “La bala y la Escuela. Holocausto indígena”. Podría decir que, a día de hoy, me interesa más el otro de la Escuela que la Escuela misma. Mi último ensayo, centrado en la educación tradicional gitana, se titula, valga el ejemplo, “Del Pogrom al Programa. Hipocresía del interculturalismo y aniquilación de la gitaneidad”.
5.- Nos da la impresión que las propuestas de abandonar la Escuela, de “conquistar la expulsión”, etcétera, están pensadas para jóvenes y adultos con un desarrollo y una experiencia más amplia en la institucionalidad escolar. Desde ese punto ¿Cómo piensas que se puede asumir la desescolarización para los niños y niñas?

Tienes razón… Hablo desde la experiencia y para personas que comparten mi experiencia.

No creo que, en el contexto de la sociedad capitalista, quepa una desaparición de la Escuela. Así lo vio Bakunin y, desde el marxismo, Blonskij entre otros. Hay Escuela porque hay opresión; y se da la Escuela allí donde persiste la fractura social, la escisión, la dominación de clase. La Escuela reproduce esa opresión política y esta explotación económica. Por ello está soldada a la sociedad burguesa, industrial, capitalista.

Iván Illich presentó la “desescolarización” como una responsabilidad personal, individual, casi una toma de consciencia. Sería casi demasiado esperar que los escolares, los niños y las niñas, fueran capaces de colocar la Escuela en su sitio (como un “artificio para domar”, en el decir de Ferrer Guardia, que aspira a monopolizar el campo de la educación), para buscar, por su cuenta, otros escenarios y otros medios de auto-formación. Que, obligados a asistir a las clases, eligieran no obstante contrarrestar la verborrea de sus profesores con su presencia donde el Estado flaquea y la educación, menos pesquisada, también acontece. Que aspirasen a forjarse por su cuenta una armadura cultural particular, idiosincrásica, lejos de todo dictado y de todo examen -aquel “nuevo órgano” a que se refería Artaud. En ese “casi demasiado” bulle todo lo que cabe hoy soñar para una subjetividad infantil no programada.

Abandonar la Enseñanza, dejar las aulas en manos de los monstruos, no es renunciar a la lucha cultural, sino cambiar simplemente de ámbito, salir de la institucionalidad para implicarse en la retícula educativa no estatal. Durante el mes de febrero anduve presentando “La sociedad desescolarizada”, libro de Iván Illich que ha reeditado en España Brulot y para el que compuse el prólogo; y es pertinente recordar aquí el énfasis de su autor en la constitución de “tramas de aprendizaje”, de “redes educativas”, capaces de confrontar la hegemonía de la Escuela.

6. Considerando que el año recién pasado (2011), fue muy agitado en la región chilena, debido a las movilizaciones estudiantiles, ¿Qué les dirías a los estudiantes que han cuestionado profundamente la Educación de Mercado y el lucro en la Educación en estas tierras? Algunas palabras para las luchas del 2012 y las venideras…

Me cuido mucho de no incurrir en lo que Deleuze llamó “la indignidad de hablar por otro”. Debería vivir en Chile y ser un estudiante para atreverme a hablar, para considerarme con derecho a decir algo sobre los que de verdad luchan.

Pero, a riesgo de nadar contra la corriente de la contracorriente, y desde una valoración de las luchas estudiantiles españolas de este año, de las manifestaciones contra los “recortes” en el gasto social y en defensa de la Educación Pública, reprimidas violentamente, te reitero sin más mis tres últimas notas de twitter, mensajes que concibo como una pedrada contra la sombría organización de nuestro mundo y en los que me prodigo, desde mi precariedad material, porque, ciertamente, son sin coste:

1. Jóvenes apaleados en Valencia por defender la Escuela de la que son víctimas. Policías de sí mismos contra la “policía de sí y de todos”.

2. Los profesores, que oprimen a diario a sus alumnos, los pueden usar ahora como “carne de cañón”, para salvaguardar su oficio mercenario.

3. Y los policías, máquinas de obedecer y de golpear, pequeños innumerables verdugos, atacando a los jóvenes, a los niños, como a “enemigos”.

Como anti-pedagogo y gran odiador de la Escuela (tanto pública como privada), no siento la menor simpatía hacia los que, en mi país, luchan por su salvaguarda. Estoy del lado de cuantos exploran modalidades no-escolares, no-estatales, de transmisión de la cultura y socialización del saber; pero ni creo en el Estado del Bienestar ni me apunto a la defensa socialdemócrata de Lo Público. Sé que esta perspectiva no se puede extrapolar a América Latina, pues son distintos los datos del problema. Por ello, me despido manifestando mi respeto hacia las luchas estudiantiles de las que me hablas, que sigo con interés y de las que procuro aprender.

Gracias, compañeros, por brindarme la ocasión de la palabra. Y os pido disculpas por las deficiencias del estilo, pues no he dispuesto de tiempo para revisar el texto.

Pedro García Olivo

Entrevista publicada en El Surco, nº33, Marzo 2012