Colaboración de Magnicidio Espinoza

Palabras preliminares

El siguiente texto no tiene pretensiones de objetividad. Fue escrito tanto desde la racionalidad como desde la emocionalidad. Como individuo integrante del sistema cultural no puedo sustraerme y pretender tener una opinión objetiva con respecto a temas de tanta carga subjetiva como, por ejemplo, la espiritualidad. Por otro lado he nacido en una sociedad en donde la navidad tiene una posición relevante. Yo he participado de esa ceremonia, desde pequeño me enseñaron (los medios, la escuela, mi familia, etc) que ella era una institución respetable e importante dentro de nuestras vidas. Mi opinión con respecto a la navidad esta permeada por mis experiencias personales, por tanto el siguiente escrito no busca desenfundar “verdades”, sino mas bien fomentar el debate y el cuestionamiento desde una persona cansada de  una sociedad que suele privilegiar el conformismo y el consenso. Como mi pretensión no es plantearme desde la academia o desde una racionalidad hegemonica, utilizare metaforas, alegorias y hasta pequeños cuentos para expresar lo que siento. Aquí vamos entonces…

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Inyectando metáforas a la realidad.

Imaginen lo siguiente. Después de un largo viaje unos pequeños extraterrestres llegan por fin a un planeta, el cual no conocen en absoluto. Frente a su enorme curiosidad se deciden a bajar para echar un pequeño vistazo. Lo que ven los sorprende y les hace abrir sus ojos o estirar sus antenas o sacar sus espiritrompas, en fin… quién sabe qué instrumentos tendrían estos seres para observar, pero lo importante es que se detuvieron a mirar con mucha curiosidad. Sigamos nosotros con el relato.

Los extraterrestres ven que el planeta esta conformado por millones de seres vivos distintos, con sus propias características, tamaños y estructuras. Que magnifico, exclaman los alienigenos. Pero rápidamente descubren que de esas millones de especies parece ser solo una la que se arroga como única dueña del planeta y sus contornos, entonces los pequeños seres se entristecen. Uno, que era buen observador le dijo a los otros: Pero miren, estos seres que se creen superiores, han construido enormes palacios, maravillosas obras de arte y edificios hermosos, miren todas esas luces que se ven a lo lejos, parecen ciudades! Rápidamente los seres recuperan la esperanza, pero les dura poco. No les cuesta mucho darse cuenta de que las enormes ciudades están totalmente segregadas y que las grandes construcciones pueden ser contempladas y ocupadas por ciertos humanos, ya que el resto esta condenado a vivir en la periferia, en construcciones que no tienen ni agua, ni luz, ni gas y que distan mucho de la magnificencia de los grandes hogares de los humanos con poder.

Los visitantes espaciales, entonces, se dan cuenta de que estos seres que se creen superiores a todos los otros seres del planeta, incluso se creen superiores entre ellos mismos. Al darse cuenta de esto uno de los alienigenos comentó frustrado: Mierda! estos seres están divididos en clases, miren esos pobres ahí, al final de las ciudades, parecen maquinitas guiándose por un destino que ellos nunca eligieron. El alienigeno apuntó con su dedo a las masas de asalariados, millones de explotados que trabajaban en fabricas, campos y grises oficinas.

Pronto los seres galácticos vieron un montón de otras contradicciones, por ejemplo, se dieron cuenta de que en este planeta mientras 1000 millones de humanos sufrían de hambre, otros 1000 millones sufrían de obesidad y que, por otro lado, niñas que tenían para comer vomitaban su alimento para parecerse a las chicas que salían en los anuncios comerciales. También se dieron cuenta, con mucho espanto, de que el medio natural estaba siendo destruido a un paso extremo y peligroso por estos seres tan contradictorios. Algunos alienigenos que gustaban de analizar las practicas culturales de diferentes seres galácticos buscaron entender a esta particular civilización, pudieron constatar que había un amor extremo por lo material y que la posición de diferentes objetos daba estatus y prestigio. También habían unos pepelitos (por lo general verdes) que simbolizaban el poder, contra más tenias, más poder y más capacidad para dominar al medio natural y a tus pares poseías. La vida, de cualquier ser, quedaba supeditada a esos papeles verdes, dinero le llamaban. Los alienigenos movieron la cabeza, no recordaban otros planetas en donde las cosas tuvieran menos sentido.

La nave de estas criaturas había llegado al planeta un poco antes del 25 de diciembre. Uno de los seres, a través de algo así como el “Google cósmico”, buscó en la Internet alienigena qué fiestas y fechas importantes para estos seres se encontraban cerca. Rápidamente dio con la fiesta de navidad. Miren todos, prontamente se celebrara el nacimiento del sujeto al cual cerca de 2/3 partes de la población de este planeta proclaman como su dios, dijo uno de los aliens muy excitado. Los alienigenas se pusieron muy contentos de poder presenciar quizás la fecha mas significativa para la humanidad y la cual quizás estaba mas llena de espiritualidad (cosa que no habían visto hasta el momento). Decidieron, entonces, quedarse hasta la consumación de la festividad.

Sus observaciones les mostraban que a medida de que se acercaba el 25 de diciembre mas personas entraban a los centros comerciales a comprar cosas que envolvían en coloridos papeles. Millones de personas en todo el mundo se agolpaban en las tiendas y compraban. Los alienigenos entonces pensaron: Su dios seguramente tuvo que haber nacido en un centro comercial, o quizás era un excelente comprador/consumidor, o tal vez su dios fue un gerente, el jefe maximo de los centros comerciales. Para salir de su duda volvieron a buscar en el “Google Cosmico” y, con mucha sorpresa, se dieron cuenta de que el dios que proclamaba la mayoría de la población del planeta era un niño pobre nacido en un humilde pesebre hace 2000 años, también se enteraron que su dios había viajado por el mundo para potenciar la espiritualidad de la humanidad en desmedro de lo material. ¿Como es esto posible? Se preguntaron los pequeños seres. Aquí lo único que veo es gente obsesionada por lo material, aquí no hay nada de espiritual, exclamó uno de los extra-terrestres. Yo creo que su dios es ese caballero obeso con ropajes rojos y barba blanca, al fin y al cabo su fotografiá esta en mas parte que la de Jesus, comentó otro ser galactico. Los alienigenos estaban muy desorientados y decidieron irse rápido de ese extraño planeta, al fin y al cabo no les importaba quedarse para conocer a sus habitantes, no les parecieron criaturas muy agradables y tenían el presentimiento de que poco durarían con ese estilo de vida, la verdad poca fe le veían a esa “humanidad”.

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Feliz capital y prosperas deudas nuevas

Campañas navideñas en todos los medios de comunicación. Las calles llenas de anuncios comerciales alentando a comprar productos. Promociones ofreciendo regalos en cómodas cuotas. Toda una parafernalia alentando al consumo incluso meses antes de que llegue la navidad, este es el panorama en la mayoría de las ciudades del mundo. No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta en lo que se ha transformado la navidad: una fiesta del consumo.

Desde mi punto de vista es sintomático que la fecha en que celebramos el nacimiento de “nuestro dios” sea la de mayor consumo del año. Es ese tipo de cosas que son tan evidentes que no logramos percibirlas, pero ¿qué otro hecho podría retratar mejor el mundo y la época en que vivimos? Es el símbolo perfecto de una sociedad alienada y desorientada, transmutamos la ceremonia religiosa de mayor relevancia en nuestra sociedad por una ceremonia del amor material a las mercancías. Estamos frente a la alienación total de nuestra espiritualidad, el nuevo opio del pueblo sigue siendo la religión, pero hoy podemos decir que es la religión del consumo.

Un hecho importante para comprobar que la navidad se ha transformado en una simple fiesta del consumo es el hecho de que hasta en China estén adoptando esta ceremonia. Y aunque la población cristiana en China sea apenas el 2%, esto no impide de que la navidad se implante poco a poco en este país oriental. Es la viva prueba de que la navidad ya ni siquiera es patrimonio de una religión, ahora es patrimonio exclusivo del capitalismo, o sino no se explicaría su penetración en China: la nueva potencia capitalista emergente del sistema mundial.

Actualmente la navidad es la fiesta del consumo y de la evasión. Hace algunos años se vivió una de las revueltas mas radicales y duraderas del siglo XXI. Las revueltas de 2008 en Grecia. Insurrección que comenzó el 6 de diciembre tras el asesinato del joven anarquista griego de 15 años Alexandros Grigoropulus a manos de la policía. Las revueltas tuvieron una expansión impresionante desatándose cientos de acciones que desestabilizaron al estado y el estatus quo en general. Sin embargo a medida que se acercaba la fecha de navidad la revuelta fue decayendo inevitablemente, ya que la ceremonia sirvió como una excusa para desviar la atención. La navidad es una excelente cortina para tapar otras cosas mas importantes, la navidad es un enajenador profesional.

La navidad, entonces, es una manera mas de enajenarnos. Es una instancia para olvidar las injusticias y los problemas, un espacio para regocijarnos comprando productos en los malls. Mientras más alienación existe en la sociedad contemporánea más necesitamos evadirnos, ese es el rol del consumo, generar una ventana hedonista, un pequeño paraíso entre tanta miseria y contradicción. Durante las últimas 4 décadas el sistema mundial capitalista se a soportado en la acción del consumo para esconder sus profundas contradicciones. Así las condiciones de miseria y las agobiantes jornadas laborales de millones de sujetos en el mundo son compensadas por una mayor capacidad de consumo. Este es uno de los trucos del nuevo sistema: la dureza de las condiciones de vida son camufladas por la amigabilidad de las condiciones de consumo. Amigabilidad que se traduce en la implementación de enormes construcciones dedicadas al consumo, enormes construcciones abiertas a la comunidad, espaciosas y con un clima agradable, en donde circulan los ciudadanos y las mercancías, en definitiva un nuevo espacio amigable para desplegar las condiciones necesarias para el consumo. Sin embargo esta amigabilidad es engañosa ya que se sustenta, para la mayoría de la población, en la opción del crédito la cual los endeuda con las grandes casas comerciales. Deudas que obligan a los deudores a seguir trabajando sumisos en empleos que no los satisfacen, pero que son la única fuente de dinero que poseen. Es un circulo vicioso: trabajo para vivir – el trabajo no me gusta-mi vida se torna monótona y aburrida-voy de compras para olvidar mi condición de asalariado – el sueldo no me alcanza para comprarme lo que me hace feliz – me endeudo para conseguirlo – mis deudas me obligan a mantener el trabajo que no me gusta y me paga mal – ahora soy aun mas sumiso a mis jefes – no puedo perder el trabajo – las deudas tengo que pagarlas con algo – trabajo para vivir – el trabajo no me gusta – mi vida se torna monótona y aburrida – voy de compras para olvidar mi condición de asalariado… y así sigue el circulo vicioso para millones en el mundo.

La Navidad se convirtió en un engranaje más de la maquina, una parte que mantiene engrasado y lubricado el mecanismo. Cada vez tiene que ver menos con el cristianismo y más con el consumismo. El templo eclesiástico da paso al templo del consumo y las familias van el domingo a la misa, pero en el mall en donde miran con amor religioso a los pequeños dioses tras la vitrina: las mercancias.

Los cínicos cristianos, con su aparatosa mentalidad materialista, cada vez se alejan más del humilde pesebre de Jesus y aspiran a la riqueza de los millonarios vestido con Armani (¿queda claro el grado de enajenación?). Ninguno busca cultivar su alma en estas fiestas “religiosas”, ya que ser “mejor cristiano” en la sociedad de consumo es ser más y mejores consumidores. Por supuesto que aquí no estoy abogando por la vuelta a los “verdaderos” valores cristianos, no me mal interpreten, lo que quiero mostrar es el grado de inconsecuencia entre los valores que supuestamente profesa la población y su accionar cotidiano.

Me interesa demostrar que la religión a sufrido una transformación, el cristianismo a dado paso al consumismo, la religión del siglo XXI. Claro que la religión cristiana aún no desaparece, pero esta mutando hacia esa dirección, por eso su mas importante ceremonia es también la mas importante para el consumo ¿ven la estrecha relación? La enajenación que producía el cristianismo se fusiona y a la vez es relevada por la nueva enajenación que produce la sociedad de la mercancía, las ilusiones cambian pero la opresión se mantiene.

 

La Navidad y los Niños

Es indudable que en la sociedad  de consumo contemporánea la navidad es una fecha importante para los niños y niñas, ya que gran parte de la publicidad que despliegan las grandes tiendas en estas fechas esta dedicada a los mas pequeños de la sociedad. Los canales de televisión nacionales e infantiles muestran en su programación interrupciones continuas con anuncios comerciales que ofrecen todo tipo de mercancías que pretenden divertir a los niños y niñas. Muchos de los pequeños ignoran el por qué de la celebración navideña, muchos no tienen conocimiento de la historia del nacimiento de Jesús, pero todos conocen muy bien la historia de Santa Klaus (Papa Noel o el Viejo Pascuero). Sin duda que para los pequeñitos el viejo con ropajes rojos es mas popular que el mismo niño Jesús. Algunas empresas capitalistas emblemáticas como Coca-Cola se han encargado de levantar la popularidad de este personaje al incluirlo en sus campañas publicitarias y propagar diseños mas novedosos del viejo barbon. Pero ¿Por qué Santa Klaus es tan popular?

Aquí debemos entender el cambio desde el deseo a la necesidad en las sociedades actuales. Deleuzze y Guatari ya comprendían esta diferencia fundamental. Mientras el deseo nos lleva hacia el ímpetu por la libertad; la necesidad, en cambio, nos predispone a la sumisión. El sistema se preocupa de que el niño no tenga el deseo de jugar, sino la necesidad del juguete. Sus ganas de imaginar y crear nuevos mundos mediante el deseo del juego se transforman en el miedo a carecer, en el miedo a carecer del juguete, en el miedo a carecer de algo material. Si el deseo nos lleva hacia el bienestar, la necesidad, en cambio, nos enfrenta al miedo de carecer, justo lo que necesita la sociedad de consumo: personas con miedo, con miedo de no tener sus mercancías. Para superar el miedo a la carencia es necesario, entonces, efectuar el acto de consumo, transformarnos en individuos-consumidores.

La anarquista anti-patriarcal Casilda Rodrigañez ejemplifica de manera correcta como ese miedo a carecer de los pequeños se traduce en un sutil chantaje emocional de los padres. “Hace tus deberes o el viejo pascuero no te traerá regalos”, “Portate bien o no te comprare el juguete que me pediste”, estas palabras son bastante habituales en muchos padres y demuestran como el amor circula entre papas e hijos a través de la mercancía. El amor se demuestra, en el caso de los padres, a través del regalo de productos suministrados por las grandes cadenas de juguetes. El amor se demuestra, en el caso de los niños, aceptando el chantaje emocional de sus padres y subordinándose a las ordenes de estos últimos, no porque las consideren correctas, sino porque es necesario para conseguir el juguete que “necesitan”. Lo triste es que los padres tienen que trabajar en largas jornadas laborales para comprarles en cómodas cuotas los regalos a sus hijos, pero ese mismo trabajo alienante no les permite pasar tiempo con sus hijos generándose un vació emocional. Y así sigue la cadena del amor material, en donde nos demostramos el cariño a través de cosas materiales producidas quizás en qué forma. De seguro que algunos de los regalos que obsequiamos a nuestros niños fueron producidos en una cadena de montaje en India o China, en donde, lo mas probable, hubo algún niño trabajador involucrado, uno que seguramente no desea juguetes, sino librarse de esa inhumana explotación (nunca olvides la forma en que se producen las mercancías en el actual sistema capitalista, siempre te encontraras con sorpresas).

Por otro lado es innegable la carga que contienen todos los juguetes que ofrece el mercado capitalista. Las cargas de genero son potentes. Las niñas juegan con muñecas-bebes que las predisponen a su labor de mujer-madre. Los niños juegan con simulaciones de armas bélicas que los predisponen a internalizar la violencia en sus cuerpos. Las niñas reciben muñecas con cuerpos muy delgados, casi anorexicos, los cuales las predisponen a domesticar sus figuras para hacerlas aceptables por los modelos culturales alienantes de la sociedad contemporánea. Los niños reciben consolas virtuales en donde pueden portar grandes armas y asesinar otros seres humanos. El mercado incluso a creado juegos como “Sal de compras” en donde los participantes juegan sobre un tablero que simula un centro comercial y los niños pueden comprar con sus propias tarjetas de crédito todo lo que quieran.

Por otro lado, con toda la publicidad bombardeandonos, se nos olvida de que el juego es posible sin juguetes. El juego principalmente comprende: imaginación, deseo, comunidad, interacción, curiosidad y creatividad. La mercancía no es estrictamente necesaria en el juego, pero el sistema siempre nos obliga a reprimir nuestro deseo y fomentar nuestra necesidad.

Mas allá de estas funciones que tienen los juguetes, las cuales buscan domesticar tempranamente a los pequeños seres humanos, es posible ver otras caras de la injusticia. Porque mientras algunos niños tienen la posibilidad de adquirir regalos para la navidad, otros sencillamente tienen otras prioridades. Así mientras una niña recibe su muñeca, otra niña recibe pañales ¿por qué pañales? Porque a sus 14 años ya es madre y tiene que preocuparse de su hijo. Otro niño, no recibe nada ¿por qué no recibe nada? Porque es parte de los 148 millones de niños que sufre de desnutrición infantil y esta más preocupado de echarse algo a la boca que de recibir juguetes para la navidad. Una verdadera putada, pero Santa Klaus no deja nunca de reír, parece que para él las ventas van de maravilla.

La muerte de nuestra espiritualidad

¿La falta de cariño en nuestras relaciones sociales se arregla obsequiando regalos? ¿La pobreza de nuestras relaciones humanas se compensa con chocolates? ¿La vida monótona y enajenada que sufren millones de personas se alivia con una noche de regalos? ¿La explotación y el hambre de otros millones de personas se amortigua con la Navidad? Dentro de este espiral consumista y materialista, ¿Conserva algo de espiritual la Navidad? Yo creo que nada, o muy poco.

Mi posición a favor de la anarquía inevitablemente supone que estoy en contra de cualquier jerarquía. Por lo cuál me niego a aceptar una autoridad religiosa que me diga cuando y cómo celebrar mi espiritualidad, es por eso que no escucho a ninguna autoridad eclesiástica. Incluso, voy mas allá y digo que no acepto religiones que medien entre mi persona y mi espiritualidad. Creo que ese camino debe encontrarlo cada persona con sus propios medios y caminos y no deberían interceder autoridades religiosas, ni religiones en ese proceso.

¿Qué es la espiritualidad? La verdad es que no lo sé, solo tengo algunas ideas vagas. Creo que mi espiritualidad es aquello que me une inevitablemente con todo lo demás en el universo. Es esa certeza de sentirme una parte minúscula del universo, pero armónica con un todo mucho mas grande y complejo. Es la certeza de que cumplo un papel en este engranaje cósmico y basto que es el universo. Es por eso que si tuviéramos una espiritualidad desarrollada como humanidad tendríamos constancia y certeza de ser solo una parte mas del planeta y el universo, por lo tanto no estaríamos destruyendo el medio ambiente y la naturaleza de la forma en que actualmente lo hacemos. Destruimos nuestro entorno porque perdimos esa unión con nuestro alrededor, nos hemos transformado en criaturas egolatrías que pretenden ser el único centro del universo. El dios todopoderoso es a nuestra imagen y semejanza, así de auto-referentes.

Por todas esas razones soy ateo y pretendo acceder a mi espiritualidad de manera directa, a través de mi propia comunicación con mi interior y el exterior. Creo que para tener conciencia de nuestra realidad y  ser nuevamente partes armónicas en el planeta debemos desechar los mecanismos que quieren mediar y controlar esa relación entre nosotros y nuestra espiritualidad. Todos los curas, sacerdotes o maestros de cualquier religión pretenden ser intermediarios entre la divinidad y nuestro espíritu, quieren ser el puente entre nosotros y dios. Lo cierto es que no hay tal divinidad fuera de nosotros, sino que todos la guardamos dentro, somos parte integral de un todo divino, porque todos y todas somos potencialmente divinos en la medida en que nos conectemos con nuestro entorno y adquirimos conciencia de él. Si logramos ésto, las cosas que potencialmente podríamos crear serían impresionantes, ya que no cabrían en los moldes del pensamiento contemporáneo.

Actualmente la mediación con nuestra espiritualidad no solamente esta mediada por autoridades religiosas, sino principalmente a través de la autoridad de la mercancía. Es ella la que pretende ser el nuevo puente entre el sujeto y su espiritualidad. Si consigues dinero podrás entonces acceder a experiencias de carácter libidinal y espectacular: desde técnicas de meditación espiritual, hasta conciertos fabulosos en donde la música te conecte con algo mas allá. Desde viajes místicos por el mundo, hasta aparatos que prometen darte el cuerpo perfecto para que disfrutes una vida plena. Desde experiencias con técnicas orientales de relajación, hasta cirugías que te darán una apariencia confortable contigo mismo. El dinero lo puede todo, incluso comprar tu espiritualidad.

Pero el símbolo mas concreto de que estas operaciones de la mercancía son falsas es el que explicare a continuación. Como dijimos, la espiritualidad es la conexión trascendente entre nosotros y nuestro entorno, es la conciencia de tal vinculo que nos hace partes integrales de algo mucho mas grande, por tanto nos da un verdadero sentido a nuestras existencias en el ahora mismo y no en el cielo o después de la muerte como aseguran las religiones, por ejemplo. Sin embargo el sistema de la mercancía y su consumismo aparatoso nos esta llevando al agotamiento acelerado de todos nuestros recursos naturales, en conjunto con el deterioro sistemático de nuestro entorno. El actual sistema esta destruyendo su entorno porque no tiene ninguna conciencia del mismo. No es parte integrante de la vida en general, sino que se a automatizado en función de la ganancia y la ambición, en función de la dictadura de la economía. Nuestra sociedad se a escindido de la realidad, se ha enajenado de su entorno, como si fuéramos algo separado y distinto de la naturaleza, cuando deberíamos ser partes integrantes de esta ultima. Actualmente no nos concebimos como parte de la naturaleza, sino como entes que buscan dominarla a su antojo. Si el actual sistema estuviera cimentado en bases verdaderamente espirituales estaríamos conectados con lo global, con el resto de seres vivos del planeta y con cada una de las cosas que habitan el universo, pero lamentablemente nos damos cuenta que esto no es así, a lo que verdaderamente se dirige la humanidad es a una catástrofe ambiental global sin precedentes en la historia humana, este es el símbolo perfecto de nuestra enajenación, de nuestra separación con todo el universo, en definitiva es el símbolo perfecto de la muerte de nuestra espiritualidad.

La navidad, al hacerse parte del asesinato de la espiritualidad, no tiene ningún carácter espiritual, es una fiesta que atenta contra la misma, ya que participa de forma importante en el asentamiento y consolidación de la sociedad consumista que nos lleva cada vez mas hacia el abismo. ¿Entonces deberíamos abolir la navidad? Me parece que en términos ideales esto debería hacerse ya que creo que nuestra espiritualidad se debería celebrar todos los días de nuestra vida y no cuando una religión nos dice que lo hagamos, sin embargo la realidad es compleja y no se puede abolir una institución de miles años de un día para otro. Aun así es posible empezar a dejar claras algunas cosas para una futura emancipación social, y por qué no decirlo, espiritual, de la humanidad.

Lo que quiero dejar en la claro en este articulo es la mediocridad de la navidad en nuestros días, de su vació espiritual, a la vez de tomarla como ejemplo para nombrar el vació general de la sociedad moderna, en donde reína la religión de la mercancía. Alguien podrá decir que la navidad no es lo que yo describí en este articulo, que la navidad comprende otros valores. Claro, quizás podrían tener algo de razón esos argumento, no niego que la navidad puede ser un espacio en donde se generen espacios de comunidad entre los miembros de una familia o incluso entre vecinos de un mismo barrio o población, pero no por eso debemos callarnos frente a toda la otra infinitud de falsedades que trae aparejada la navidad del siglo XXI. Tampoco digo que todos los que celebran la navidad son partidarios de la dictadura de la mercancía, sino que lo que trato de decir es que la institución de la navidad sirve, en gran medida, para justificar la autoridad del capitalismo y sus mecanismos reproductores.

Entonces, resumiendo, lo que quiero decir en primer termino es que es imposible que la celebración de la navidad tenga algún contenido espiritual si esta inserta en la sociedad capitalista de consumo, y en último termino quiero decir que la espiritualidad tampoco debería ser algo que celebremos una vez al año, sino que debería ser una practica cotidiana de acercamiento y comunicación con nuestro entorno y todas las partes y seres vivos del universo que lo componen. La conclusión a estos planteamientos es que no necesitamos ni la autoridad de la mercancía, ni la autoridad de la religión para celebrar nuestra espiritualidad.

Ahora, cada uno vera si celebra o no la navidad, pero nadie puede hacerse el tonto frente a la mediocridad que implica esta celebración. Por ultimo los que opten u optemos por celebrar esta fiesta, ya que para nuestros seres queridos aún guarda importancia, debemos intentar de acercar estos temas a la conversación, tratar de involucrar a los otros participantes en estas increíbles contradicciones que tiene la celebración de la navidad como espacio de consumo masivo y enajenación. Ese es quizás nuestro deber moral mínimo si no queremos ser tan falsos como la nieve artificial que adorna los arbolitos de pascua. Los verdaderos regalos en esta navidad no son los que se compran, sino los que intentan abrir un poco la mente de quienes participan de esta prostituida ceremonia.

Los que quieran pasar a las acciones como, por ejemplo, los compañeros que lanzaron bombas molotov hace unos días a unos arboles navideños en $hile, no merecen, desde mi punto de vista, ninguna reprobación, claro que hay muchas otras formas de desacreditar la institución navideña, pero, en cualquier caso, salir a manifestarse es mejor que quedarse mirando los adornos navideños de las tiendas comerciales.

Y por supuesto, una manera de acabar con todas estas mediocridades es cultivando nuestra interrelación con el entorno todos los días, y luchando contra cualquier forma de opresión, tenga ésta la forma de una religión o de una mercancía. La idea es hacer, aunque seamos pocos, la critica de forma cotidiana e integral. Esta es una manera de mantener a flote el barco que contiene las nuevas ideas para un mundo distinto, haber si llegamos a algún puerto pronto y no nos hundimos antes de tiempo, a remar, entonces, contra la corriente!